Estos datos que toda mujer emprendedora debe conocer están basado en una investigación de 3 años con 5000 personas de diferentes sexos, edades, países y distintos niveles socio económicos, Pilar Sordo, Psicóloga Chilena nos brinda importantes datos extraídos de su investigación a través de su libro: VIVA LA DIFERENCIA dónde rebate varios paradigmas.

Antes de empezar

El primer paradigma es que hombres y mujeres somos iguales. Este paradigma se creó en la sociedad queriendo hacer frente a la humillación y violencia que se ha hecho a la mujer a causa del machismo, motivo por el cual se ha usado mucho el término de que «somos iguales» aunque en realidad, biológica y emocionalmente somos distintos y casi nadie sabe de éstas diferencias y cómo influyen en nuestras vidas.

Esto se debe a que el término de igualdad se ha confundido con equidad. Es decir, tenemos los mismos derechos tanto hombres y mujeres; necesitamos equidad, pero somos maravillosamente diferentes.

Ser diferentes o ser mujer no es malo, ser diferentes es una riqueza y valoración hacia la vida y la diversidad.

Por tanto, lejos de la igualdad, hay importantes y valiosas diferencias entre lo femenino y masculino que es importante conocerlas y valorarlas.

¿En qué nos diferenciamos?

Entre las diferencias más importantes encontradas en la investigación que existen entre un hombre y una mujer se encuentran las siguientes:

  • Las mujeres cuando hablamos de nosotras,

no hablamos precisamente de nosotras, casi siempre hablamos de otros. Los hombres cuando hablan de ellos, en su mayoría están hablando precisamente de ellos mismos.

  • Las mujeres parecen estar más diseñadas para retener,

mientras que los hombres están biológicamente más diseñados para soltar. El retener tiene también mucha relación con conductas propias de nuestra vida femenina y cotidiana, por ejemplo: guardar alimentos en el refrigerador pensando que lo podremos volver a utilizar, no botar los papeles de las carteras o traerlas siempre llenas de cosas, guardar ropa dentro del clóset que ya no usamos por sea caso las necesitemos en algún momento.

Otro ejemplo de esta capacidad retentiva propia de lo femenino tiene que ver con el hecho de insistir, de preguntar, de necesitar chequear los sentimientos de otros, ¿tu hiciste/dijiste eso? ¿me quieres?, ¿me extrañas?, ¿me escuchas?.  En cuanto a los conflictos emocionales las mujeres solemos ser más lentas que los hombres en procesar nuestros conflictos, nos cuesta más que ellos olvidarnos y pasar de una etapa a otra, puesto que retienen más los procesos afectivos en su memoria y recuerdan fácilmente cosas que los hombres ya han olvidado.

  • Lo femenino por tanto valora más el proceso.

lo masculino valora más los objetivos.  Mientras los hombres van más sueltos y ligeros por la vida, enfocados más en el objetivo, las mujeres van hacia sus metas más enfocadas en los procesos previos que hay para llegar a ellas.

Todas estás diferencias hacen que sea importante que cada mujer reconozca su valor, sin culparnos, puesto que retener también es bueno, es parte de nuestra esencia femenina.

 

«El gran legado es aprender de los masculino, a soltar cuando ya no conviene retener.»

 

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